Título: “The Pixels of Paul
Cezanne: and Reflections on Other
Artists.
Autor: Wim Wenders
Editorial: Faber and
Faber, Londres 2018
Número de páginas
188
Este es de los pocos
libros que no he dudado en marcar cinco estrellas, como el perfume
Chanel número 5 es una composición única con un aroma complejo en
los que no sólo predomina una nota sino un complejo mundo de
artistas, cada uno con su fragancia.
Aunque la palabra
algoritmos empieza a tomar un significado despectivo porque parece
que son ellos y no nosotros los que toman las decisiones en Internet,
en esta reseña es fundamental que los nombre porque gracias a ellos
he llegado a leer este libro y a conocer toda la filmografía de Wim
Wenders. Este verano una red social me sugirió que siguiera al
director de cine Wim Wenders y durante varios meses me ha estado
acompañando a través de sus películas y sus entrevistas, quizá
estemos acostumbrados a ver todo que lo que se nos muestra en una
pantalla, pero en Internet podemos elegir, podemos informar de lo que
no nos gusta y quedarnos con lo que nos gusta.
Al día siguiente de
Navidad comencé a leer este libro, tengo muchas cosas en común con
Wim Wenders en su forma de mirar al mundo y al arte, aunque sea
atrevido decirlo y siguiendo como él el planteamiento de las
expectativas que tiene de alguien o algo y si las cumplen o no, tengo
que decir que nada de lo que esperaba del libro ha ocurrido sino
mucho mejor. Esperaba que en el libro Wenders hablara de sus técnicas
cinematográficas, de cómo usa los colores o como encuadra las
imágenes y sobre todo que el protagonista fuera él, pero excepto en
el primer capítulo que nos habla directamente de como escribe y
piensa en el resto de los capítulos conocemos a todos los artistas
que han influido en su trabajo, su valor en el arte y con humildad y
no con la vanidad del artista podemos conocerle como en un espejo a
través de ellos. “We can clearly read in Hopper’s
paintings that he loved movies and that the movie screen, like the
white canvas he so often faced in his studio, was a familiar friend
and an ally.” (Podemos leer claramente en las
pinturas de Hopper que amaba las películas y
que la pantalla, como el lienzo blanco al que se enfrentaba
tan a menudo en su estudio, era un amigo familiar y un aliado).
Otra de las cosas que no esperaba y que es una maravilla, es
leer su
poesía, algunos capítulos están
escritos en poesía y otros en prosa poética, la musicalidad de las palabras, la cantidad de
adjetivos que es capaz de
usar para dar distintos matices a las obras y los artistas es realmente sorprendente y
te puedes sentir cuando lo
lees como
el que viaja a Florencia y siente
el Síndrome de Stendhal, y entonces aquí si tengo que nombrar el
gran trabajo de la traductora Jen Calleja que ha traducido el libro
del alemán. No sé si existe una traducción al español porque yo
lo he leído en inglés, pero
aconsejo leerlo en inglés
para aquel sobre
todo que quiere perfeccionar
este idioma.
Me
he acercado al cine de Ingmar Bergman y he descubierto porqué
me gusta y es
por esos significados escondidos que
hablan de nosotros y hacen de sus películas un cine universal“we
saw ‘ourselves’ within them, but absolutely not ‘as if a
mirror’; no, something even better, ‘as in a film’, ABOUT US
(en el caso de las películas de Ingmar Bergman nos vimos a
‘nosotros mismos’ dentro de ellas, pero no en absoluto, ‘como
en un espejo’, no algo aun mejor, como en una película SOBRE
NOSOTROS)”.
He
descubierto algo paradójico para mí en las pinturas de Hopper y es
que pone las cosas en su sitio para superar el vacío, la ansiedad y
poder leer en los detalles las historias de sus personajes, es un
contador de historias, sin embargo yo creía que precisamente lo que retrataba era el vacío y no lo superaba.
A
Peter Lindbergh, fotógrafo de la moda y fotógrafo de las mujeres,
le dedica un poema que comienza con la pregunta “¿cómo lo
hace?” , la respuesta que todos pensaríamos es que siendo un
“Don Juan”, sin embargo Wenders responde con un bello juego verbal en el
que retrata a diferentes hombres y su forma de relacionarse con las mujeres, pero Lindbergh es un caballero incluso si ha pasado de moda:
“So the answer
to my question is quite simply
that, after all,
the soul of a photographer
DOES show in all
his pictures.
That’s how he
does it
By letting IT do
it”.
Al
leer el capítulo sobre Anthony Mann, director de cine, me doy cuenta
que Wenders es también un artesano con el lenguaje para construir
imágenes y cuando lo leo se me suceden varias imágenes de sus
películas “A film has to stay visual. Too much dialogue kills
it. (Una película tiene que permanecer visual. Demasiado diálogo
mata.)”.
También
podemos encontrar críticas al cine americano, cuando habla del
director de cine alemán exiliado Douglas Sirk que se dio cuenta que
la sociedad americana se dirige por sus propias reglas.
Con la descripción de Samuel Fuller describe a todos:
“Some men look
at the world
and all they ever
see is money.
Others see
nothing but real estate.
For other again
it all boils down to power, fame or honour.
Some blessed ones
are able to see God in everything,
and some, well,
all they need is love.
(Algunos hombres
miran el mundo
y todo lo que ven
es dinero.
Otros no ven nada
más que propiedades.
Para otros, todo
se reduce al poder, la fama o el honor.
Algunos
bendecidos son capaces de ver a Dios en todo,
y algunos bueno,
todo lo que necesitan es amor.)”
No
es la letra de una canción en Navidad, la estación del amor, sino
el comienzo del poema para hablarnos del contador de historias Samuel
Fuller.
A
veces Wim Wenders utiliza frases lo suficientemente poderosas como la que utiliza
para describir el trabajo de un director de cine como Manoel de
Oliveira “When Manoel de Oliveira turns a hundred, that’s a
hundred reasons to watch his films. (Qué Manoel
Oliveira cumpla cien años son cien razones para ver su cine.)”.
El
Speech para Pina Bausch y todo lo que dice de la importancia del
lenguaje corporal me llevaba recordar el lenguaje corporal de Wim Wenders utiliza en
las entrevistas y en sus intervenciones, es curioso cómo a pesar de la situaciones de seriedad y el paso de los
años sigue conservando y mostrando sentimientos genuinos y
expresando con su cuerpo la autenticidad de sus emociones, le he
visto tambalearse, escabullirse, buscando refugio, o dejando ir,
abrazar a alguien, deslizar los pies, caminar, haciendo el tonto
bromeando, pasear sigilosamente, sentirse como un pajarito en su nido
o sentirse acompañado, levantar la mirada o evitarla; cuidando y por ejemplo
abrir una botella de agua al entrevistador, todas estas descripciones
y muchas más aparecen en la poesía que escribe de Pina y que me gusta observar los detalles también he visto en él.
Elogia
al fotógrafo James Nachtwey y no cree que deba llamarse un fotógrafo
de guerras porque ama la humanidad y es enemigo de la guerra. De
Nachtwey nos dice que maneja muy bien ver cosas en nombre de dos
partes de la humanidad, las victimas y los observadores. Es un poeta
que invoca las cosas no las nombra, un filósofo que anima a la gente
a pensar por ellos mismos y los que hemos visto las películas de
Wenders sabemos que también él es así incluso cuando habla de la
violencia y quizá por eso gusta menos a algunos.
Y
como en un “deja vu”, conocí el paraíso perdido de Yasujiro
Ozu, bueno, realmente lo conocía, conforme leía lo que Wim Wenders
escribía de Ozu y sus películas me decía a mi misma que todo eso
yo ya lo había “vivido”.
“So Ozu uses
extremely simple yet efficiente methods
to tear down our
defences
and to let us
become part of a common humanity.
We are part of
‘his family’,
everyday people
just like all of them;
we become them
just by watching.
(Así
que Ozu utiliza métodos extremadamente simples pero eficaces para
derribar nuestras defensas y permitirnos formar parte de una
humanidad común. Somos parte de ‘su familia’, personas comunes
como todos ellos; nos convertimos en ellos solo por mirar.)”
No
conocía a Andrew Wyeth, pero he conocido que a Wim Wenders le
inspira la naturaleza, y que el “pintor del pueblo” Andrew Wyeth,
como algunos lo llaman trasmitió
la esencia y presencia de su pueblo natal y sus habitantes
“convirtiendo un instante en una
dimensión diferente”.
La
fotógrafa Barbara Klemm nos la presenta como una artesana de la
realidad, y ahí tenemos una palabra más que también define a
Wim Wenders, artesano. Y mientras el autor describe a uno y otro
artista yo registro en mi cuaderno, las palabras que Wenders utiliza
para hablar de ellos con una propiedad que es como si hablará en
otro idioma, ni alemán, ni inglés, ni español, un idioma que no
estamos acostumbrados a escuchar y que parece música no solo la
sonoridad de sus palabras sino por sus significados, los valores y la
autenticidad:
“If that seems
‘artless’,
then it is
precisely because the greatest art
doesn’t refer
to itself-
but to the world,
to reality.
(Si
eso parece ‘sin arte’, entonces es precisamente porque el mayor
arte no se refiere a sí mismo, sino al mundo, a la realidad.)”
Finalmente
me preguntaba que ese traje, esos trajes tan ideales que lleva Wim
Wenders, tan cómodos, tan ausentes de adornos, de lineas
aparentemente simples, pero elegantes, quién se los haría, y lo
descubrí al ver el documental “Notebook on cities and clothes”
sobre Yohji Yamamoto, un diseñador que Wenders define que su trabajo
es como la de un director de cine porque consiste en muchas leyes de
reflexión, creación y duro trabajo, pero que va más allá de un
trabajo porque ayuda a la gente a ser ellos mismos manteniendo un
profundo sentido de la belleza, tradición, valor, significado,
historia, durabilidad y fiabilidad.
Podría
decir poco de las debilidades del libro, no sé si porque nos las
tiene o porque mi
manera de sentir y de ver todas las artes, cine, fotografía, pintura
o danza son tal cual él las ve, siente y realiza. En el último
capítulo nos
describe un precioso cuadro de Cezanne y
con la descripción define el concepto del arte y el artista, nos
dice que solo un hombre enamorado, solo un hombre que ama lo que hace
puede hacerlo y no solo Cezanne lo hizo, también Wim
lo hace, ama lo que hace y por eso hace un cine que trasforma a la gente que vemos sus
películas, es un artesano de la imagen y
un contador de historias.
He
comenzado la reseña diciendo lo cerca que me siento de su forma de
mirar y termino contando una
pequeña casualidad
que lo confirma;
en una tienda de
segunda mano compré una postal antigua
en blanco y negro para utilizarla como
marca páginas en la lectura de este libro, es de una montaña, una
montaña en Suiza, no está
pintada por Cezanne pero cuando
la elegí pensé que sentiría el fotógrafo cuando la hizo, me sentí muy conmovida al
pensar que sin saberlo yo había elegido esa montaña por las mismas
razones que Wim Wenders ha elegido la acuarela de Montagne Sainte-Victoire de
Cezanne.
Parafraseandole solo espero que estos
pequeños recuerdos que al
leer su libro han venido a mi mente
sean como sobras de una golosina
para atraer más belleza, valor y significado a todos los libros que
leo.