domingo, 8 de febrero de 2026

RESEÑA DEL LIBRO THE PIXELS OF PAUL CÉZANNE

 


Título: “The Pixels of Paul Cezanne: and Reflections on Other Artists.

Autor: Wim Wenders

Editorial: Faber and Faber, Londres 2018

Número de páginas 188


Este es de los pocos libros que no he dudado en marcar cinco estrellas, como el perfume Chanel número 5 es una composición única con un aroma complejo en los que no sólo predomina una nota sino un complejo mundo de artistas, cada uno con su fragancia.

Aunque la palabra algoritmos empieza a tomar un significado despectivo porque parece que son ellos y no nosotros los que toman las decisiones en Internet, en esta reseña es fundamental que los nombre porque gracias a ellos he llegado a leer este libro y a conocer toda la filmografía de Wim Wenders. Este verano una red social me sugirió que siguiera al director de cine Wim Wenders y durante varios meses me ha estado acompañando a través de sus películas y sus entrevistas, quizá estemos acostumbrados a ver todo que lo que se nos muestra en una pantalla, pero en Internet podemos elegir, podemos informar de lo que no nos gusta y quedarnos con lo que nos gusta.

Al día siguiente de Navidad comencé a leer este libro, tengo muchas cosas en común con Wim Wenders en su forma de mirar al mundo y al arte, aunque sea atrevido decirlo y siguiendo como él el planteamiento de las expectativas que tiene de alguien o algo y si las cumplen o no, tengo que decir que nada de lo que esperaba del libro ha ocurrido sino mucho mejor. Esperaba que en el libro hablara de sus técnicas cinematográficas, de cómo usa los colores o como encuadra las imágenes y sobre todo que el protagonista fuera él, pero excepto en el primer capítulo que nos habla directamente de como escribe y piensa en el resto de los capítulos conocemos a todos los artistas que han influido en su trabajo, su valor en el arte y con humildad y no con la vanidad del artista podemos conocerle como en un espejo a través de ellos. We can clearly read in Hopper’s paintings that he loved movies and that the movie screen, like the white canvas he so often faced in his studio, was a familiar friend and an ally.” (Podemos leer claramente en las pinturas de Hopper que amaba las películas y que la pantalla, como el lienzo blanco al que se enfrentaba tan a menudo en su estudio, era un amigo familiar y un aliado). Otra de las cosas que no esperaba y que es una maravilla, es leer su poesía, algunos capítulos están escritos en poesía y otros prosa poética, la musicalidad de las palabras, la cantidad de adjetivos que es capaz de usar para distintos matices para describir las obras o los artistas es realmente sorprendente y te puedes sentir cuando lo lees como el que viaja a Florencia y siente el Síndrome de Stendhal, y entonces aquí si tengo que nombrar al gran trabajo de la traductora Jen Calleja que ha traducido el libro del alemán. No sé si existe una traducción al español porque yo lo he leído en inglés, pero aconsejo leerlo en inglés para aquel sobre todo que quiere perfeccionar este idioma.

Me he acercado al cine de Ingmar Bergman y he descubierto porqué me gusta y es por esos significados escondidos que hablan de nosotros y hacen de sus películas un cine universal“we saw ‘ourselves’ within them, but absolutely not ‘as if a mirror’; no, something even better, ‘as in a film’, ABOUT US (en el caso de las películas de Ingmar Bergman nos vimos a ‘nosotros mismos’ dentro de ellas, pero no en absoluto, ‘como en un espejo’, no algo aun mejor, como en una película SOBRE NOSOTROS)”.

He descubierto algo paradójico para mí en las pinturas de Hopper y es que pone las cosas en su sitio para superar el vacío, la ansiedad y poder leer en los detalles las historias de sus personajes, es un contador de historias, sin embargo yo creía que precisamente lo que retrataba era el vacío de la existencia en algunas personas.

A Peter Lindbergh, fotógrafo de la moda y fotógrafo de las mujeres, le dedica un poema que comienza con la pregunta “¿cómo lo hace?” , la respuesta que todos pensaríamos es que siendo un “Don Juan”, sin embargo responde con un bello juego verbal en el que retrata a diferentes hombres y su forma de relacionarse con las modelos, siendo un caballero incluso si ha pasado de moda:

So the answer to my question is quite simply

that, after all, the soul of a photographer

DOES show in all his pictures.

That’s how he does it

By letting IT do it”.

Al leer el capítulo sobre Anthony Mann, director de cine, me doy cuenta que Wenders es también un artesano con el lenguaje para construir imágenes y cuando lo leo se me suceden las imágenes de sus películas “A film has to stay visual. Too much dialogue kills it. (Una película tiene que permanecer visual. Demasiado diálogo mata.)”.

También podemos encontrar críticas al cine americano, cuando habla del director de cine alemán exiliado Douglas Sirk que se dio cuenta que la sociedad americana se dirige por sus propias reglas.

 Con la descripción de Samuel Fuller describe a todos:

Some men look at the world

and all they ever see is money.

Others see nothing but real estate.

For other again it all boils down to power, fame or honour.

Some blessed ones are able to see God in everything,

and some, well, all they need is love.

(Algunos hombres miran el mundo

y todo lo que ven es dinero.

Otros no ven nada más que propiedades.

Para otros, todo se reduce al poder, la fama o el honor.

Algunos bendecidos son capaces de ver a Dios en todo,

y algunos bueno, todo lo que necesitan es amor.)”

No es la letra de una canción en Navidad, la estación del amor, sino el comienzo del poema para hablarnos del contador de historias Samuel Fuller.

A veces utiliza frases lo suficientemente poderosas como la que utiliza para describir el trabajo de un director de cine como Manoel de Oliveira “When Manoel de Oliveira turns a hundred, that’s a hundred reasons to watch his films. (Qué Manoel Oliveira cumpla cien años son cien razones para ver su cine.)”.

El Speech para Pina Bausch y todo lo que dice de la importancia del lenguaje corporal me llevaba recordar su lenguaje corporal en las entrevistas que visto de distintos momentos de su vida y es curioso cómo a pesar de la situaciones de seriedad y el paso de los años sigue conservando y mostrando sentimientos genuinos y expresando con su cuerpo la autenticidad de sus emociones, le he visto tambalearse, escabullirse, buscando refugio, o dejando ir, abrazar a alguien, deslizar los pies, caminar, haciendo el tonto bromeando, pasear sigilosamente, sentirse como un pajarito en su nido o sentirse acompañado, levantar la mirada o cuidando y por ejemplo abrir una botella de agua al entrevistador, todas estas descripciones y muchas más aparecen en la poesía que escribe de Pina y que yo buena observadora de los detalles también he visto en él.

Elogia al fotógrafo James Nachtwey y no cree que deba llamarse un fotógrafo de guerras porque ama la humanidad y es enemigo de la guerra. De Nachtwey nos dice que maneja muy bien ver cosas en nombre de dos partes de la humanidad, las victimas y los observadores. Es un poeta que invoca las cosas no las nombra, un filósofo que anima a la gente a pensar por ellos mismos y los que hemos visto las películas de Wenders sabemos que también él es así incluso cuando habla de la violencia y quizá por eso gusta menos a algunos.

Y como en un “deja vu”, conocí el paraíso perdido de Yasujiro Ozu, bueno, realmente lo conocía, conforme leía lo que Wim Wenders escribía de Ozu y sus películas me decía a mi misma que todo eso yo ya lo había “vivido”.

So Ozu uses extremely simple yet efficiente methods

to tear down our defences

and to let us become part of a common humanity.

We are part of ‘his family’,

everyday people just like all of them;

we become them just by watching.

(Así que Ozu utiliza métodos extremadamente simples pero eficaces para derribar nuestras defensas y permitirnos formar parte de una humanidad común. Somos parte de ‘su familia’, personas comunes como todos ellos; nos convertimos en ellos solo por mirar.)

No conocía a Andrew Wyeth, pero he conocido que a Wim Wenders le inspira la naturaleza, y que el “pintor del pueblo” Andrew Wyeth, como algunos lo llaman trasmitió la esencia y presencia de su pueblo natal y sus habitantes “convirtiendo un instante en una dimensión diferente”.

La fotógrafa Barbara Klemm nos la presenta como una artesana de la realidad, y ahí tenemos una palabra más que también define a Wim Wenders, artesano. Y mientras el autor describe a uno y otro artista yo registro en mi cuaderno, las palabras que Wenders utiliza para hablar de ellos con una propiedad que es como si hablará en otro idioma, ni alemán, ni inglés, ni español, un idioma que no estamos acostumbrados a escuchar y que parece música no solo la sonoridad de sus palabras sino por sus significados, los valores y la autenticidad:

If that seems ‘artless’,

then it is precisely because the greatest art

doesn’t refer to itself-

but to the world, to reality.

(Si eso parece ‘sin arte’, entonces es precisamente porque el mayor arte no se refiere a sí mismo, sino al mundo, a la realidad.)

Finalmente me preguntaba que ese traje, esos trajes tan ideales que lleva Wim Wenders, tan cómodos, tan ausentes de adornos, de lineas aparentemente simples, pero elegantes, quién se los haría, y lo descubrí al ver el documental “Notebook on cities and clothes” sobre Yohji Yamamoto, un diseñador que Wenders define que su trabajo es como la de un director de cine porque consiste en muchas leyes de reflexión, creación y duro trabajo, pero que va más allá de un trabajo porque ayuda a la gente a ser ellos mismos manteniendo un profundo sentido de la belleza, tradición, valor, significado, historia, durabilidad y fiabilidad.

Podría decir poco de las debilidades del libro, no sé si porque nos las tiene o porque mi manera de sentir y de ver todas las artes, cine, fotografía, pintura o danza son tal cual las ve, siente y el realiza. En el último capítulo nos describe un precioso cuadro de Cezanne y con la descripción define el concepto del arte y el artista, nos dice que solo un hombre enamorado, solo un hombre que ama lo que hace puede hacerlo yno solo Cezanne lo hizo, también Wim lo hace, ama lo que hace y por eso hace un cine que trasforma a la gente que vemos sus películas, es un artesano de la imagen y un contador de historias.

He comenzado la reseña diciendo lo cerca que me siento de su forma de mirar y termino contando una pequeña casualidad que lo confirma; en una tienda de segunda mano compré una postal antigua en blanco y negro para utilizarla como marca páginas en la lectura de este libro, es de una montaña, una montaña en Suiza, no está pintada por Cezanne pero cuando la elegí pensé que sentiría el fotógrafo que la hizo, me sentí muy conmovida al pensar que sin saberlo yo había elegido esa montaña por las mismas razones que él ha elegido la acuarela de Montagne Sainte-Victoire de Cezanne.

Parafraseando a Wim Wenders solo espero que estos pequeños recuerdos que al leer su libro han venido a mi mente sean como sobras de una golosina para atraer más belleza, valor y significado a todos los libros que leo.



















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